viernes, 18 de septiembre de 2009

Noches de Cristal.

Una Noche en Ciudad Cristal.

La Ciudad Cristal es hermosa de noche, las luces desde el cielo son bellísimas, pero si vemos en sus rincones, en sus sombras, encontraremos distintas historias. Algunas aterradoras, otras fantásticas, y otras cómicas. Esta noche veremos una noche increíble, desde distintos puntos de vista. Sean bienvenidos a leer lo que sucede esta noche de luna creciente.

La Noche de Reaven.

La luna estaba sobre Cristal observando sus historias.

Ser dueño de un bar da dinero y prestigio, eso bien lo sabía Reaven. Estaba pasando el tiempo en una mesa de billar que tenía. Tenía toda una eternidad por vivir pero prefería jugar en aquella mesa.

Eso sí, Reaven no podía ver nada, era ciego, pero eso no le impedía jugar. Como don, el podía ver el aura de los seres, y él se había dedicado a otorgarle aura a las bolas de billar.

Pero eso es irrelevante ante lo que quiero contar. Reaven recibió una llamada de su celular. Rezó por que no fuera Gabriel Tenor, un vampiro mafioso que siempre, con engaños bien cuidados, le mandaba a ser su trabajo. La voz no era la de Gabriel, era una voz baja y grave.

- Señor Van Ragnarok, necesito hablar con usted.

- ¿Perdón? ¿Quién es usted, y cómo consiguió este número?

- Disculpe mi imprudencia señor Van Ragnarok, me presento, soy William Garrick. Tal vez no me conozca de nombre, pero necesito de su trabajo. Quiero que nos veamos, sé que usted esta en Cristal, quiero que nos veamos.

- En la plaza de Cristal, hay público.

- Inteligente señor, tal como esperaba, allí hablaremos del precio.

Reaven sabía que podía ser una trampa, pero en verdad se estaba aburriendo en el bar, donde solo había tres borrachos humanos. Se dirigió al segundo en mando, Kurama, un vampiro de su mismo clan asesino.

- Kurama, voy a salir, cuida el bar hasta que regrese, si no lo cuidas te vas permanentemente.

- Si Reaven, no te preocupes. Volverás y encontraras el bar igual a como lo viste la última vez.

Reaven salió directamente a la plaza central de Cristal. Allí encontró mucha gente, podía diferenciar fácilmente a los vampiros, a los humanos, y otro tipo de criaturas por su don de ver el aura de los seres.

Espero una media hora, hasta que apareció el tipo portador de la voz baja y grave.

- Reaven van Ragnarok supongo.

- ¿Que quieres William?

- Vaya, directo al grano. Como verás soy un vampiro del clan Ventrue, y necesito de tus servicios, a cambio podemos pagarte. Sangre, dinero, armas.

- ¿A quién quieres que mate?

- Es un vampiro horrendo, un Gangrel. Mató a mi amigo, pero yo no quiero vengarme ensuciándome las manos. ¿Aceptas?

- Dígame donde encontrarlo.

- No sé donde está, pero aquí tengo una foto de él.

- Servirá…

Reaven se fue inmediatamente, algo molesto. Tenía que vencer a un Gangrel, un vampiro que se transformaba en bestias, y más encima, él era ciego, no le servía de nada la foto, solo se le ocurrió un plan.

En el puerto…

- ¿Haz visto a este tipo?

- ¿Otra futura victima, Reaven?

- Si. Dime y te pagaré.

- El dinero no me importa, soy solo un traficante, no sé cómo me hice amigo tuyo.

- ¿Amistad?

- Bueno, yo te considero mi amigo, sé que debajo de esa apariencia samurai que formaste de ti, eres un buen tipo y…

- Solo dime si lo haz visto.

- En el hospital. Él duerme en el tejado del hospital. Una vez trabajó conmigo, yo ya estoy viejo para pertenecer al inframundo, pero tengo conocidos así, como tú… ¿Amigo?

Reaven salió corriendo a una súper velocidad, pues era parte de sus dones. En un santiamén ya estaba en el tejado del hospital.

- ¿Quién eres?- habló un chico de unos 16 años aparentemente. De cabello castaño.

- …

Reaven se lanzó a gran velocidad, sacó su espada, y casi lo corta, pero la velocidad del chico era la misma, y lo esquivó. Este chico no lo pensó dos veces y se transformó en una bestia lupina, mitad hombre mitad lobo.

Lanzó a Reaven por los aires de un solo golpe, y chocó contra el pavimento, afueras del hospital. Al instante la bestia estaba delante de él.

Reaven odiaba esto, un ser que se transformaba. No era estúpido como un verdadero lobo, pero su fuerza era la misma. Reaven estaba en desventaja. Faltaba solo unas horas para que amaneciera, y él no quería convertirse en cenizas. Necesitaba vencerlo pronto.

Usó su celeridad, su velocidad increíble, para atacarlo, pero el Gangrel era igual de rápido. No había forma de vencerlo.

Al instante el milagro sucedió, quién sabe como, pero un accidente cercano, hizo que un automóvil se desviara y chocara con el Gangrel. Así Reaven logró atravesarle su cabeza.

Al momento, la bestia de nuevo era un chico. Reaven lo miró algo desolado, su vida era ser un asesino, su vida solitaria era callada, era opaca, no era vida…

Un tiempo después llegó el Ventrue, William Garrick. Se acercó a Reaven y habló.

- Muy buen trabajo, había pensado llamar a un grupo antes, uno que supuestamente venció a una tal Especie Nueva, pero preferí que fueras tú.

Reaven se reía para sí, él pertenecía a ese grupo, pero era mejor dejar las cosas como estaban.

- Ahora, ¿qué quiere señor Van Ragnarok?

- Nada.

- ¿Qué? No entiendo, usted puede pedirme lo que sea y…

- Yo pertenezco a un grupo, allí me divierto. Y aprendí que era mejor conseguir contactos, ahora usted me debe un favor, así, cuando mi grupo necesite ayuda, usted vendrá a ayudarnos, sea lo que sea.

- El asesino conoció el significado de compañerismo, já.

- Otra broma y…- la espada de Reaven estaba en el cuello del señor Garrick.

- De acuerdo, perdone por burlarme. Cuando quiera, llámeme, podemos ser amigos.

- Amistad…

Reaven se fue a su bar, pensando en esa palabra: Amistad. Tenía un grupo, con eso bastaba, no tenía amigos, sólo tenía… unos muy buenos compañeros.

FIN.

[proximos capitulos, la misma noche, pero del punto de vista de los otros integrantes]

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